En unas semanas me voy a México, no de vacaciones o durante algunos meses, sino para vivir permanentemente.
Hace ya mucho tiempo que me encanta este país, es una historia de cuarenta años. Todo empezó con un sueño, un sueño de niño de ir a visitar las pirámides de Teotihuacan.Y allí, a la edad de veinte y un años me enamoré del país: los colores, el ambiente, la música que yo pensaba que sólo hacían ruido, el paisaje ... y eso apenas se ha cesado desde entonces.
Un poco más tarde, de 1977 a 1981, pase cuatro temporadas de invierno prolongadas en un pueblo pequeño y aislado, en la costa del Pacífico. Volví varias veces a ver el país y finalmente llegó el momento de buscar en serio una residencia permanente. Luego hubo un problema. Incluso aunque me hubieran prevenido las cosas no han ido bien. Me fui, decepcionado,enojado. Pensé en irme a otra parte, en Perú, pero finalmente estoy de regreso a mi primer amor, y ahí es donde voy a vivir, tratando de evitar cometer los errores de la primera vez.
Sabemos que México es un país maravilloso. Por supuesto me encanta el país, sus paisajes, su clima, por lo general caliente, al igual que lo amo. En México, me gusta la historia del país y en particular todo lo que es la época precolombina .... ¿La historia colonial? Se me resiste pero la historia moderna, la época contemporánea, es un verdadero placer para mí ya que es algo que hemos vivido y que suceden en México.
En México me encanta la informalidad de las relaciones y de las cosas. Casi demasiado informal, de hecho lo voy a ver mas tarde, porque esta cualidad tiene un revés que se puede adivinar. También me gusta la sencillez de la gente, su gentilidad. La vida obedece menos reglas que en Francia, y sino a menudo se puede arreglar. No es muy moral, pero no importa: en Roma, haz como los romanos.
En México me encanta la riqueza de la identidad cultural, una rica variedad de la que están orgullosos y que protegen como la fabulosa fiesta de los Dias de los Muertos, por ejemplo. Esto es algo que aprecio mucho.
Para mi la identidad cultural, sus miles de manifestaciones, no son el signo de un repliegue sino al contrario, la confirmacion de la existencia de un país por el curso de sus tradiciones. Un ejemplo más: en Real de Catorce, un pequeño pueblo a seis horas del norte de la Ciudad de Mexico, se celebra San Francisco de Asís durante una semana cada año e indígenas Huicholes vienen de peregrinación a un cerro sagrado cada dos años.
Por supuesto, vivir en México será una bendición para mí. No sólo por que establecer relaciones sociales será mucho más fácil que en Francia, uno difícilmente puede imaginar un cumpleaños en México con tres o cuatro personas. Un aniversario es una gran fiesta, al igual que todas. Las celebraciones íntimas son raras, incluso entre los menos ricos.
Claro que tambien, para mí la vida será mucho menos costosa: con unos modestos ingresos franceses uno puede vivir bien en México, incluyendo el Distrito Federal. México. Nada parecido a saborear un gran jugo de fruta fresca en un pequeño y agradable restaurante, ver una película en el cine con asientos Pullman, volver tarde de noche con uno de los muchos taxis por un puñado de euros. Si no es demasiado tarde, incluso puedo tomar el transporte público, el fabuloso metro, sin atracos ni agresiones.
Hace ya mucho tiempo que me encanta este país, es una historia de cuarenta años. Todo empezó con un sueño, un sueño de niño de ir a visitar las pirámides de Teotihuacan.Y allí, a la edad de veinte y un años me enamoré del país: los colores, el ambiente, la música que yo pensaba que sólo hacían ruido, el paisaje ... y eso apenas se ha cesado desde entonces.
Un poco más tarde, de 1977 a 1981, pase cuatro temporadas de invierno prolongadas en un pueblo pequeño y aislado, en la costa del Pacífico. Volví varias veces a ver el país y finalmente llegó el momento de buscar en serio una residencia permanente. Luego hubo un problema. Incluso aunque me hubieran prevenido las cosas no han ido bien. Me fui, decepcionado,enojado. Pensé en irme a otra parte, en Perú, pero finalmente estoy de regreso a mi primer amor, y ahí es donde voy a vivir, tratando de evitar cometer los errores de la primera vez.
Sabemos que México es un país maravilloso. Por supuesto me encanta el país, sus paisajes, su clima, por lo general caliente, al igual que lo amo. En México, me gusta la historia del país y en particular todo lo que es la época precolombina .... ¿La historia colonial? Se me resiste pero la historia moderna, la época contemporánea, es un verdadero placer para mí ya que es algo que hemos vivido y que suceden en México.
En México me encanta la informalidad de las relaciones y de las cosas. Casi demasiado informal, de hecho lo voy a ver mas tarde, porque esta cualidad tiene un revés que se puede adivinar. También me gusta la sencillez de la gente, su gentilidad. La vida obedece menos reglas que en Francia, y sino a menudo se puede arreglar. No es muy moral, pero no importa: en Roma, haz como los romanos.
En México me encanta la riqueza de la identidad cultural, una rica variedad de la que están orgullosos y que protegen como la fabulosa fiesta de los Dias de los Muertos, por ejemplo. Esto es algo que aprecio mucho.
Para mi la identidad cultural, sus miles de manifestaciones, no son el signo de un repliegue sino al contrario, la confirmacion de la existencia de un país por el curso de sus tradiciones. Un ejemplo más: en Real de Catorce, un pequeño pueblo a seis horas del norte de la Ciudad de Mexico, se celebra San Francisco de Asís durante una semana cada año e indígenas Huicholes vienen de peregrinación a un cerro sagrado cada dos años.
Por supuesto, vivir en México será una bendición para mí. No sólo por que establecer relaciones sociales será mucho más fácil que en Francia, uno difícilmente puede imaginar un cumpleaños en México con tres o cuatro personas. Un aniversario es una gran fiesta, al igual que todas. Las celebraciones íntimas son raras, incluso entre los menos ricos.
Claro que tambien, para mí la vida será mucho menos costosa: con unos modestos ingresos franceses uno puede vivir bien en México, incluyendo el Distrito Federal. México. Nada parecido a saborear un gran jugo de fruta fresca en un pequeño y agradable restaurante, ver una película en el cine con asientos Pullman, volver tarde de noche con uno de los muchos taxis por un puñado de euros. Si no es demasiado tarde, incluso puedo tomar el transporte público, el fabuloso metro, sin atracos ni agresiones.
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